Los educadores y psicoterapeutas nos cuentan cómo juegan: Ana Arriola

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Los educadores y psicoterapeutas nos cuentan cómo juegan: Ana Arriola

Hoy continuamos este ciclo de entrevistas con el testimonio de Ana Arriola. Ana es profesora en Educación Secundaria, terapeuta Gestalt y clown. Muchas gracias a Ana por atendernos y responder a nuestras preguntas.

¿Qué espacio le das al juego en tu vida y cómo valoras sus beneficios para tu propio desarrollo personal, familiar, relacional…?

Tengo una niña interna muy juguetona que tiene una gran capacidad de goce. No me cuesta ningún esfuerzo entrar en el juego. Me crié en una zona rural donde los niños y las niñas nos juntábamos en la plaza durante las tardes de verano cuando no existían las actividades extraescolares ni las diferencias de edad y género. Salíamos con la merienda y jugábamos al toco, a la comba, al escondite, a los concursos de canciones de eurovisión, a las películas de indios y vaqueros, al corre que te pillo, a las cartas…. Perdíamos la conciencia del tiempo hasta que nos llamaban para cenar.

Me gusta jugar con los sobrin@s de mi familia, con los amigos y también en soledad, porque jugando me coloco en otro lugar. Surge mi parte dionisíaca y me cambia el humor. Me divierto, me pongo a veces tierna, me enfado, sale el cachorro que anida en mi interior y entro en el espíritu aventurero y arriesgado de la vida. Ese no saber qué va a pasar me encanta.  Me gusta hacer el mono y parodiar.

En tu práctica profesional como acompañante (psicólog@, terapeuta, educador/a, mediador/a…) ¿cómo contribuye el juego al desarrollo de las personas y cómo lo integras en tu día a día?

Como acompañante, en los talleres, utilizo el juego como calentamiento para romper barreras de relación y despertar la espontaneidad de los participantes. El juego abre e integra; es osmótico, intuitivo, instintivo, visceral… Los juegos que más me gustan son los circulares y de acción. El movimiento desde lo corporal crea contacto y acercamiento, ablandando nuestros mecanismos de defensa.

Parece mentira pero cuando retiramos mesas y sillas para abrir un espacio de juego, lo mágico y liberador del mismo se revela antes empezar. Se nota la alegría, la apertura hacia lo nuevo, y la energía cambia sencillamente por romper la rutina de lo académico, de lo formal.

Es importante delimitar un “encuadre” seguro que ofrezca confianza con consignas claras que cuiden y protejan al grupo, así como definir el rol del mediador que dirige o facilita al propio equipo.

Y si la vida fuera un juego, ¿a qué juego jugarías?

Jugaría a ser un clown. Viviría con una nariz roja pegada en mi rostro y se la pondría a todos los seres humanos de la tierra. Así nos miraríamos a los ojos sin juicio y con esa transparencia genuina que aprendimos a ocultar. Nos saludaríamos con ternura y naturalidad. Sin vergüenza de meter la pata. Sin miedo al rechazo por ser inadecuados y seguros por sentirnos dignos del cariño que los niños necesitan para saber amar.

Acerca de Ana Arriola:

Profesora en Educación Secundaria. Formada en Terapia Gestalt, Terapia Transpersonal, y en el Programa SAT del Dr. Claudio Naranjo (Psicoterapia Integrativa y Eneagrama). Clown, desarrollado en el personaje de la Payasa Esdrújula.

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